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"Tengo el honor de recibir la Distinción Joven Empresario
de este año -dijo entonces-. De hecho, cuando comencé
a transitar el camino de Patagon, nunca imaginé que
tendría tanta buena suerte. Espero que mi historia aliente
a otros a luchar por lo inimaginable, y que puedan hacerlo
realidad." .
Saltando
alambrados: la infancia en la Patagonia
Su familia
la componen su padre Carlos, fanático de las computadoras,
su madre Mei, dos hermanas -María y Azul- y un hermano
-Ezequiel-, los tres menores que él.
Sus padres
se casaron cuando tenían 20 años y se mudaron a la estancia
Los Guanacos, en la Patagonia. Wences vivió hasta los
seis años en un campo perdido en el sur argentino, a
300 kilómetros de Esquel, en la provincia de Chubut,
en un lugar donde el vecino más cercano se encontraba
a 45 kilómetros de distancia.
Su
infancia la recuerda como un espacio para crear. Haber
nacido en un lugar donde todo es abierto, donde no hay
nada, debe dejar huellas.
No pasaban
muchas cosas por ahí, así que había que inventar historias.
La familia era muy unida y, siempre que podían, solían
pasar las vacaciones en Puerto Madryn. Vivían de lo
que su padre obtenía mediante la explotación del campo,
fundamentalmente de la esquila de sus 5.000 ovejas.
Eso daba el dinero suficiente para vivir, pero no mucho
más. Ellos les enseñaron a los hijos a ser curiosos.
Siempre fueron muy progresistas.
El padre llevó una computadora. Era el año 1980, y, en 1988,
ya tenían una conectada a una red ¡en su casa!
Hasta los seis años no tuvo un barrio, ni amigos, ni equipo de fútbol. Fue muy difícil
entrar a uno cuando se mudó a Esquel ya que los equipos estaban armados.
Quizá por eso nunca le tomó el gustito a jugar al fútbol.
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